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Celsa exige un duro ajuste salarial para mantener la actividad en Trefilería Moreda. FUENTE: La Nueva España

Celsa Group, multinacional de origen español con presencia en 14 países, prevé trasladar a una de sus fábricas en Cataluña la mayor parte de la producción de la factoría gijonesa de Moreda Rivière Trefilerías (antigua Trefilería Moreda), si sus trabajadores no asumen una drástica reducción salarial y un incremento de su jornada laboral. La empresa exige una reducción de emolumentos del 6% en 2013, la congelación de sueldos de 2014 a 2017 inclusive e incremento de la jornada anual en 24 horas. A cambio ofrece no llevarse la producción a Cataluña, lo que dejaría en el aire el futuro de la fábrica gijonesa y abocaría al paro a la mayor parte de sus alrededor de 200 trabajadores.

Así se lo trasladó ayer el director de la trefilería gijonesa, Jordi Gotor a los representantes de los trabajadores en la reunión que mantuvieron en el Servicio Asturiano de Solución Extrajudicial de Conflictos (Sasec), negociación que proseguía sin acuerdo al cierre de esta edición. Después de más de siete horas de debate entre las partes el acercamiento de posturas entre las partes aún era insuficiente. Los trabajadores están dispuestos a ceder en sus salarios, pero exigen inversiones e incremento de plantilla como muestra de compromiso de permanencia la multinacional en Gijón.

La intención inicial de la empresa fue la de reducir los salarios un 12% este año y congelarlos luego hasta 2017. Para ello aprovecharon la reforma de la legislación laboral que permite a las empresas descolgarse de los convenios. El de Trefilería Moreda había sido pactado en 2011 y con vigencia hasta finales de 2015. La respuesta del comité de empresa ante este hachazo salarial fue impugnarlo ante la Comisión Consultiva Nacional de Convenios, órgano que el pasado mes de agosto dictó una resolución que concedía a la empresa una reducción salarial del 6% este año para la mayoría de la plantilla y del 8% para los sueldos más altos, pero sin congelación posterior.

La reacción de la empresa fue plantear a los sindicatos el traslado de la mayor parte de la producción de Gijón a la planta de Moreda Rivière en Cerdanyola (Cataluña), que ahora tienen bajo mínimos. Se llevarían las lineas de alambre pintado y galvanizado. Una medida que supondría reducir a la mínima expresión la factoría gijonesa, con previsibles regulaciones laborales y pérdida de empleo, según explican fuentes sindicales.

En la reunión de ayer, el comité de empresa se mostró dispuesto a asumir la prolongación de la rebaja salarial hasta 2017, tal como reclama la compañía, pero planteó que en 2013 el recorte del 6% se mitigara con la subida del IPC. En todo caso, el recorte salaria supondrá unos ahorros anuales de alrededor de cuatro millones de euros. A cambio, los sindicatos le exigen a la empresa una inversión de unos 300.000 euros en una nueva planta de pintura y el traslado a la factoría gijonesa de una máquina que tienen en la factoría de Cerdanyola, como muestra del compromiso de Celsa con el futuro de Trefilería Moreda.

La empresa se niega a aceptar esas inversiones. La compañía también rechaza la petición de los sindicatos de hacer fijos de plantilla a 30 eventuales por la misma razón. Tanto las inversiones como el afianzamiento de los eventuales estaban contemplados en el convenio colectivo del que se descolgó Moreda Rivière.

Los sindicatos tampoco asumen un incremento de la jornada anual de 24 horas.

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La Comunidad Valenciana impulsará la mediación civil en sus juzgados. FUENTE: El derecho

Los Vocales del CGPJ, Antonio Dorado Picón y Margarita Uría Etxebarría, y los dirigentes de la Fundación Notarial Solutio-Litis de la Comunidad Valenciana, César Belda Casanova y Francisco Cantos Viñals, han suscrito en la sede del CGPJ un convenio de colaboración para la regulación, desarrollo y funcionamiento de un programa de mediación intrajudicial en materia civil en los juzgados de la Comunidad Valenciana.

Por ello, la Fundación Solutio Litis asume el compromiso de la puesta en funcionamiento de equipos de mediación a disposición de los juzgados de lo Civil y de lo Mercantil de dicha Comunidad Autónoma, dotados de profesionales con formación específica, teórica y práctica, en asuntos civiles y mercantiles.

Por su parte, el Consejo General del Poder Judicial ha manifiestado su voluntad de fomentar “una cultura de la mediación” que proporcione a jueces y magistrados nuevas herramientas para la resolución de conflictos judiciales.

Tribunal Supremo

Moliner da un espaldarazo a la mediación, el arbitraje y la conciliación en la apertura del Año Judicial. FUENTE: Legal Today


Esta mañana se ha celebrado en la sede del Tribunal Supremo la solemne apertura Apertura del Año Judicial donde han intervenido el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Gonzalo Moliner, y el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce. Torres-Dulce, como cada año acostumbra a hacer quien ocupa la máxima responsabilidad del Ministerio Público, ha dado a conocer la Memoria de la Fiscalía correspondiente a 2012, que resume hace acopio y balance de la actividad de las diferentes fiscalías en ese periodo de tiempo.
Al acto de apertura del Año Judicial, que tradicionalmente se celebra la tercera semana de septiembre en un gran acto protocolario en el Tribunal Supremo ha asistido el Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón que ha estado acompañado por el secretario de Estado,Fernando Román, junto a los magistrados del Tribunal Supremo, el Fiscal General del Estado, representantes de la Fiscalía, los vocales del Consejo General del Poder Judicial, representantes de la Audiencia Nacional y de Tribunales Superiores de Justicia, así comoFrancisco Hernando y Pascual Sala, ex presidentes del Tribunal Constitucional. También acudieron a la cita el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y la alcaldesa de la ciudad, Ana Botella.
Los sindicatos CSIF, CCOO, STAJ y UGT convocaron a la misma hora que daba comienzo el acto una concentración de protesta en la Plaza de la Villa de París, enfrente a la puerta principal de l Supremo, para pronunciarse contra las reformas que está llevando a cabo el Ministerio de Justicia como la Ley de Tasas y los recortes a los funcionarios por lo que identifican como “presión de lobbies profesionales muy bien situados en el Ministerio”.
Discurso de Gonzalo Moliner, Presidente del Tribunal Supremo y CGPJ
Gonzalo Moliner comenzó su discurso haciendo un llamamiento al consenso “quiero, como ya hice en mi intervención del año pasado con este mismo motivo, que estas primeras palabras sean una llamada alconsenso entre las fuerzas políticas de este país para, por esta vía, articular el esquema legal que permita la mejor administración de justicia para nuestra sociedad. La sociedad, los ciudadanos del siglo XXI, exigen y son acreedores de una justicia plena en valores, de una Justicia moderna, eficaz, transparente y próxima, y esta la hemos de construir entre todos”, para seguir haciendo un balance de la situación actual de la Administración de Justicia reconociendo que “en la sociedad actual asistimos a un protagonismo de los tribunales de innegable dimensión hasta el punto de que existe un amplio consenso en considerar que en el Poder Judicial se residencia la garantía de aquellos derechos y libertades de los ciudadanos, por lo que se puede afirmar que constituye uno de los elementos esenciales de nuestro Estado de Derecho”.
El Presidente del TS y del CGPG subrayó la falta de jueces y las evidentes estrecheces físicas y tecnológicas que sufre la Justicia española, aunque ” a pesar del incremento de asuntos sufrido en concretos ordenes jurisdiccionales y a pesar de la crisis económica que también ha afectado a nuestro sistema judicial, el número total de asuntos en trámite a finales del año 2012 había sufrido una reducción del 4´9% respecto del que se dio en el año anterior, lo que se debe principalmente a un incremento importante en la tasa de resolución, demostrativa del esfuerzo llevado a cabo en sede judicial para dar pronta respuesta a los problemas ciudadanos”.
“Desde el Ministerio de Justicia se está potenciando la mediación pero también el arbitraje”
En este sentido, Gonzalo Moliner quiso subrayar que “la labor del Juez ante la sociedad no es algo que depende de él exclusivamente ni de aquellas garantías que vienen recogidas en la Constitución, sino es necesario que ese Juez pueda contar con la adecuada dotación de medios personales y materiales que den completa cobertura al ejercicio de su función de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado. Y esta necesidad no se cumple en su plenitud en nuestro país, pues a pesar de que como antes hemos visto, existen órganos judiciales que ofrecen la garantía mínima en que consiste una respuesta judicial aceptable en tiempo y forma, siguen existiendo otros en los que al menos todavía no es posible su cumplimiento, dando lugar a unas consecuencias difícilmente satisfactorias por cuanto la justicia a la que tiene derecho el ciudadano, la tutela judicial que le garantiza el art. 24 de la Constitución , no permite distingos ni satisfacciones parciales”.
Aquí, hizo un llamamiento a legisladores y operadores señalando que “se impone potenciar la mediación, el arbitraje y la conciliación como medidas alternativas a la resolución judicial de los conflictos, que tienen su fundamento en los principios más elementales de convivencia, en la fraternidad, en la solidaridad, en la concordia y en el respeto a los demás, de conformidad con las previsiones contenidas en la Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y mercantiles”. A este propósito matizó que “es de justicia señalar la labor llevada a cabo por el Consejo General del Poder Judicial en este último mandato que ahora termina, con importantes realizaciones que han influido muy positivamente sobre la actuación jurisdiccional, pudiendo concretarse como más significativas y sólo a título de ejemplo, la implantación y seguimiento de una actividad permanente de modernización judicial concretado en los importantes esfuerzos dirigidos a la implantación de la Oficina Judicial, a la utilización de nuevas tecnologías, la actualización de los planes de mejora de la actividad de los órganos judiciales, que han puesto el acento en la prevención de disfunciones, y la implantación de la “guía de buenas prácticas”, así como el seguimiento permanente del trabajo de los juzgados y tribunales por la Inspección en aras a conseguir paliar las dificultades que hayan podido apreciarse; sin olvidar la profundización que se ha hecho en dotar de mayor transparencia y objetividad la provisión de destinos y nombramientos discrecionales, la potenciación de la Unidad de Atención Ciudadana que canaliza las quejas y reclamaciones de los ciudadanos, así como su trabajo a favor de la mediación que se ha llevado a cabo a través de la firma de Protocolos con organismos y entidades diversas”.
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the future

The future of legal education and practice: Should ADR be compulsory in legal education? FUENTE: Herbert Smith Freehills and others

Legal practitioners must understand which factors make ADR appropriate and must educate their clients to assist them in choosing the most appropriate process. This is particularly important now that some ADR processes are integrated with pre-trial litigation procedures. This requires a critical understanding of the advantages, disadvantages and strategic considerations of different methods and what characteristics of disputes or disputants lend themselves better to one or another form of ADR, if any.

In light of the increasing focus on ADR, Lauren Whitehead, a solicitor in our Sydney office, considers below what type of education the modern legal practitioner needs. Although focussed on the Australian context, the analysis is equally relevant to other jurisdictions where ADR is being embraced.

Practitioners are said to gain a standard philosophical map through their legal education, with an emphasis on the role of litigation in dispute resolution. Arguably this comes from the nature of conventional legal education, the focus in law schools of teaching appellate decisions and the use of the Socratic method in classrooms. It is not a surprise that this route is said to promote an adversarial approach in students’ legal education, leading to the view that a collaborative or consensual approach is inconsistent with good lawyering and the strong representation of client interests. However, this adversarial approach may create conflicts with practical training and experience as a practitioner.

There is increasing commentary that ADR should be included as a continuum in the course of students and practitioners’ legal education and development. In fact, some scholars have suggested that traditional legal jobs will soon no longer exist and that the modern legal practitioner is likely to be more engaged in dispute resolution. Richard Susskind has stated that:
“The market is increasingly unlikely to tolerate expensive lawyers for tasks (guiding, advising, drafting, researching, problem solving and more) that can equally or better be discharged, directly or indirectly by smart systems and processes. It follows that the jobs of many traditional lawyers will be substantially eroded and often eliminated. At the same time, I foresee new law jobs emerging which may be highly rewarding, even if very different from those of today.”

Another legal scholar, Julie Macfarlane, has noted that if lawyers do not represent conflict resolution in our public culture, then what is their function? There is an urgent need for lawyers to modify and evolve their professional role consistent with changes in their professional environment. As areas of traditional practice evolve, law students who understand ADR will be able to function easily and effectively in today’s justice system and take on the work forecasted by Susskind. Those who fail to take seriously basic ADR education and practical training will find it difficult to function as a modern legal practitioner. Tania Sourdin argues that even those involved in transactional lawyering rather than dispute resolution or management will need to ‘get’ ADR because they must draft clauses that support it and negotiate using processes developed in ADR world.

One obstacle to this is the lack of a well-defined relationship between the practising and academic branches of the legal ADR professions. Current academic standards are not responding to the changes that have occurred in the justice system and this will have significant implications for the future development of the law curriculum. A recent study shows that both legal academics and practitioners believe that legal education could favour a more practical approach, including an emphasis on understanding and advising on ADR methods, rather than marching down the well-worn path of escalating threats to litigate and inflating claims about possible trial outcomes.

Indeed, the National Alternative Dispute Resolution Advisory Council (NADRAC) has also proposed that ADR and negotiation should be a part of all undergraduate university courses in a diverse range of areas, including business, health and social welfare. This proposal is out of concern that law students will be left behind while graduates from other disciplines will become increasingly skilled and better able to deal with conflict. At worst, these law students will find that their education and training has equipped them for a limited role in the area of disputes, with out-dated skills and diminishing relevance as lawyers within society.

Many law schools have made considerable changes to their curricula in light of the NADRAC proposal and ADR is now being taught in most Australian law schools, either as a separate subject or as part of civil procedure or litigation. One of the main benefits of the compulsory teaching of ADR is in the impact that it will have on the quality of future lawyers in responding to the changing justice system and the changing needs of clients. However, in most cases, ADR courses are an elective in a law degree, or feature as a small subsection of a course and thus it reaches only a minority of students.

Changes to the legal education environment are needed in order to support ADR teaching in comprehensive way, rather than at the margins. This will ensure that there is a greater chance that legal education in Australia will continue to be both relevant and supportive of dispute resolution in its traditional and alternative forms.
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Globo Terráqueo Pakistán

Judicial officers asked to apply ADR to reduce backlog. SOURCE: Pakobserver

Judge of Supreme Court of Pakistan, Justice Khilji Arif Hussain Monday urged young judicial officers to apply mediation and other means of AlternativeDispute Resolution to ensure speedy justice and reduce backlog of cases.

He expressed these views in the inaugural ceremony of weeklong orientation course on “New Laws inclusive of a two-day workshop on mediation as an ADR Mechanism “in collaboration with Karachi Centre for Dispute Resolution (KCDR) for Civil Judges/Judicial Magistrates from all overPakistan including Azad Jammu and Kashmir and Gilgit-Blatistan here in the Federal Judicial Academy (FJA).

He said, “Alternative Dispute Resolution Mechanisms may be new to the western world but these mechanisms are deep- rooted in our society and culture. Various informal means are used by the elders and the notables in the rural areas of Pakistan to settle the disputes.”

He said “Panchayat system” has been at work in various parts of Pakistan but unfortunately this system has been ruthlessly misused. At some places, the poor and the vulnerable people have become the victim of this system and more strong and more influential people have remained above this system. Referring to the glorious Surah An- Nisa of the Holy Quran , he said, “Islam recognizes mediation between the husband and wife in a conflicting situation in order to restore peace. This lengthy Surah relates to legal aspect of “reconciliation between husband and wife.”

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Joint arbitration center to drive Saudi-Egypt trade. SOURCE: Arab News

The Saudi-Egyptian Business Council aims to set up a joint arbitration center before January to expedite the resolution of business disputes, said a top official.
The move is expected to increase Saudi investments in Egypt.
“We would like to increase our investments in Suez Canal for establishing storage, packaging and re-export facilities,” said Abdullah bin Mahfouz, chairman of the council.
Saudi investments in Egypt’s industrial and tourism projects are estimated at $ 8 billion while real estate investments of Saudi individuals and families amounted to $ 5 billion.
Saudi Ambassador to Cairo Ahmed Kattan said businessmen in both countries are keen to increase their investments.
Kattan said the Egyptian government was committed to tackling various issues faced by Saudi investors.
“The Cairo government has already solved some problems and we expect the remaining problems solved shortly,” the ambassador said.
Bin Mahfouz commended the efforts being made by the Egyptian Investment Ministry to facilitate investments of Saudi nationals and solving their outstanding problems. “The single window system introduced by the ministry will save a lot of time for Saudi investors.”

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El conflicto como palanca. AUTOR: Manuel Pimentel

El conflicto es consustancial a la vida de las personas, de las empresas y de los países y tenemos que aprender a resolverlos, afrontarlos, sortearlos o evitarlos según sea su naturaleza, entidad y repercusión. Aunque la prudencia aconseja evitarlo en medida de lo posible, al final siempre terminan apareciendo en nuestro camino y debemos estar preparados para enfrentarnos a ellos. A medida que ascendamos, más complejos y difíciles serán los problemas y conflictos que debamos resolver. De alguna forma, son ellos los que marcan nuestro techo de competencia.

En esta severa época de crisis feroz los conflictos se multiplican con su carga de tensión y dolor. Sufrimos conflictos sociales, laborales, profesionales, empresariales, societarios y de cualquier naturaleza imaginable. Agotamos gran parte de nuestra energía en intentar superarlos y los maldecimos en silencio. Sin embargo, y como veremos a continuación, en muchas ocasiones, un conflicto bien planteado y resuelto puede liberar una gran energía que nos sirva como palanca para ascender, innovar y mejorar, o como catalizador de soluciones o enfoques que en otras circunstancias jamás hubiéramos sido capaces de imaginar o de poner en marcha.

En nuestra cultura el conflicto aparece rodeado de una fuerte carga negativa, como algo parecido a un castigo que hay que evitar a toda costa. En verdad, no es así. Es cierto que el conflicto genera tensión y dolor, pero también lo es que suele ser antesala de cambios y de soluciones creativas. Sin conflictos ni crisis, ni la sociedad ni las empresas avanzarían.  Fue Carlos Marx el primero que concedió al conflicto una influencia determinante. Su frase “el conflicto es el motor de la historia” otorgaba al conflicto un protagonismo muy superior al que las corrientes intelectuales occidentales le concedían. El funcionalismo consideraba al conflicto como algo negativo, como un fracaso a evitar. Por eso, se estudió poco en occidente hasta que la caída del Muro de Berlín y la desactivación de la extinta URSS permitieron recuperar bajo los escombros de la ideología marxista algunos de sus principios que nos permiten comprender mejor la dinámica histórica y social.

Muchas personas se bloquean ante el conflicto, mientras que otras lo afrontan con decisión. Todos hemos tenido que enfrentarnos con conflictos de diverso tipo a lo largo de nuestra vida y sabemos por experiencia que el haberlos superado nos permitió ascender un peldaño en nuestro camino. Tras el problema y conflicto de hoy puede esconderse la felicidad y la prosperidad del mañana. Por eso, cuando elaboramos la estrategia de resolución de conflictos tenemos que pensar también en el medio plazo, lo que nos concede más visión y altura para resolver satisfactoriamente el conflicto que afrontamos. La mirada de un tercero puede ayudarnos a conseguirlo.

Algunos conflictos encuentran solución fácil, otros pueden ser resueltos por las propias fuerzas mientras que muchos otros terminan en los tribunales. Existe otra vía, muy poco usada todavía en nuestro país pero muy frecuente en las economías más desarrolladas, que es el recurso a profesionales de la resolución de conflictos en el ámbito extrajudicial. La vía extrajudicial es una alternativa que puede conllevar rapidez y eficacia, un coste menor y la posibilidad de restañar heridas entre las partes.

La mediación y conciliación busca comprender los intereses contrapuestos de las partes, acercar posturas, imaginar escenarios de soluciones y proponer, en su caso, posibles acuerdos que permitan un acuerdo razonable y satisfactorio para las partes. Los mediadores y conciliadores profesionales son frecuentes en asuntos familiares y educativos, mientras que su uso en ámbito laboral es simplemente formal y testimonial y prácticamente inexistente en materia mercantil y societaria. No cabe duda que hay un extenso campo que desarrollar en estos campos de resolución extrajudicial de conflictos, beneficiosos para las partes y para el conjunto de la sociedad.

El arbitraje es una actividad algo más conocida – sobre todo en los ámbitos civil y mercantil -, en el que las partes se ponen de acuerdo en aceptar el veredicto en forma de laudo de un tercero. El arbitraje puede ser en derecho o en equidad, pero probablemente tenga más sentido y desarrollo el segundo. La última reforma laboral amplió las posibilidades de uso de los arbitrajes, por lo que es de esperar que a lo largo del próximo año también el uso al arbitraje en materia laboral se multiplique.

La actividad profesional enfocada hacia la resolución extrajudicial de conflictos aporta un alto valor a las partes y es ahora más necesaria que nunca.

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El valor del acuerdo. AUTOR: Manuel Pimentel

La exitosa mediación llevaba a cabo por Gregorio Tudela ha logrado desatascar, al menos con varios de sus colectivos, el gravísimo conflicto laboral que amenazaba la propia supervivencia de la compañía Iberia. Ya veremos que decisiones toma el colectivo de pilotos, pero no cabe duda que la compañía ha dado al menos un pasito adelante en su camino hacia la salvación, severamente amenazada por unos costos estructurales que le impiden competir en el cada día más exigente mercado aeronáutico.

Este ejemplo, como otros muchos con anterioridad, ponen sobre la mesa la bondad de la mediación como vía para solucionar conflictos. Sin embargo, nuestro uso de la mediación es aún muy escaso a pesar de que la simple comparación con lo que ocurre en otros países nos permite asegurar de que se trata de una fórmula de alta eficacia, sobre todo frente a las alternativas tradicionales. A diferencia de otros países más desarrollados como los EEUU, en España no estamos muy habituados a utilizar los diversos métodos de solución extrajudicial de conflictos. Como su propio nombre indica, estos métodos intentan evitar, o al menos, acortar y resolver, los pleitos judiciales. En inglés estos métodos se recogen bajo el acrónimo ADR (Alternative Dispute Resolution) y los más habituales son la mediación, la conciliación, al arbitraje, la negociación o la novedosa ley cooperativa.

La mediación es una fórmula muy útil para ayudar a solucionar problemas de una forma mucho menos dolorosa para las partes que el conflicto tradicional, y mucho más barata y rápida que los interminables pleitos en los que tradicionalmente derivan. La mediación supone una solución autocompositiva del conflicto – ya que son las propias partes las que tienen la decisión sobre un posible acuerdo -, mientras que el litigio tradicional implica una solución que un juez impone a las partes. El sector ADR tendrá un desarrollo cierto, aunque lento, en nuestro país., ya que los hábitos culturales tardan en modificarse mucho tiempo que los corpus legislativos.

La Ley 5/2012 de Mediación en los Ámbitos Civil y Mercantil pretende impulsar el uso de la mediación en los litigios civiles y mercantiles y, aunque algo se ha avanzado, la actividad mediadora es muy reducida. En España, inmersa desde tiempos inmemoriales en la cultura del litigio, las partes tienden a remitir a un juez la solución de sus conflictos, en vez de intentar solucionarlo por ellos mismos con la ayuda profesional de un mediador experimentado. Vivimos en la cultura del pleito y nos es ajena la cultura del acuerdo. Pues bien, ante la creciente litigiosidad que conlleva los tiempos difíciles que atravesamos, los retrasos debido a la acumulación de expedientes ante los tribunales, los altos costes de los pleitos se debería incrementar sensiblemente el uso de la mediación como una alternativa ágil barata y, sobre todo, que puede aportar un alto valor para las partes.

El mediador, como ya hemos indicado, no impone solución alguna y su tarea consiste en restablecer, al menos parcialmente la comunicación entre las partes, intentar, comprendiendo los recíprocos intereses, acercar posturas y colaborar en construir un acuerdo que permita superar el conflicto. Para ello es preciso experiencia, sentido común, conocimientos básicos de la materia tratada y un cierto talento negociador.

Muchas personas, o empresas, temen acudir a la mediación por cuanto la contraparte pudiera percibir una debilidad que utilizaría en su propio beneficio. Este temor es una muestra más de la cultura del litigio en la que estamos inmersos. Un viejo refrán nos advierte de que más vale un mal acuerdo que un buen pleito. Sin embargo, nuestra dinámica judicial parece empujarnos a la suicida decisión de preferir un mal pleito a un buen acuerdo. Parece que la opción del acuerdo está descartada en muchos gestores y directivos. ¿Por qué? Mi propia experiencia me dice que en la mayoría de los casos por inseguridad o temor a la contraparte. También por la desconfianza en el sistema,  por considerarla inútil o propia de pusilánimes, a pesar de que la experiencia ya nos hable de todo lo contrario.

Los gestores deben considerar el alto valor que un acuerdo les aporta frente a la alternativa del conflicto abierto en tribunales, con su alto coste, la inseguridad que crean los larguísimos plazos procesales, y las puertas cerradas y enemistades y desconfianzas a futuro que entrañan. Simplemente, por ello, el acuerdo atesora un alto valor frente al pleito. Pero hay más. Un buen acuerdo sirve para construir futuro, adaptándose  a las realidades y pretensiones de las partes, deja espacio abierto a futuras colaboraciones, puede cimentar futuro frente el simple juicio del pasado que significa el pleito. En muchas ocasiones, el acuerdo implica un altísimo valor para las partes, ignorado por pura inercia judicial y desconocimiento de los mecanismos de mediación.

Debemos ir abriéndonos a las fórmulas de solución extrajudicial de conflictos. Frente a la cultura del pleito, reivindiquemos la del acuerdo: ¡merece la pena!

 

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Manuel Pimentel, nuevo miembro del panel de árbitros de la AEADE. FUENTE: Boletín de Arbitraje de la AEADE

Con motivo de su incorporación al panel de árbitros de la Asociación Europea de Arbitraje AEADE, Manuel Pimentel, Director de PIMENTEL, responde a una serie de preguntas que tratan de analizar la situación actual del arbitraje y otros métodos ADR en España.

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El conflicto como motor de nuestra historia. AUTOR: Manuel Pimentel.

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El conflicto no es una maldición. Al contrario, en muchas ocasiones es el trampolín que precisamos para ascender en nuestro camino personal o profesional. Por eso, debemos afrontarlo de una manera inteligente y abierta, por mucho dolor y tensión que nos pueda producir en primera instancia.  El conflicto es consustancial a la vida de las personas, de las empresas y de los países y tenemos que aprender a resolverlos, afrontarlos, sortearlos o evitarlos según sea su naturaleza, entidad y repercusión. Aunque la prudencia aconseja evitarlos en medida de lo posible, al final siempre terminan apareciendo en nuestro camino, hagamos lo que hagamos. Sólo los simples y los necios pueden pensar que el conflicto no llamará a su puerta jamás. A medida que ascendamos, más complejos y difíciles serán los problemas y conflictos que debamos resolver. De alguna forma, son ellos los que marcan nuestro techo de competencia.

Los conflictos siempre nos acompañan y en estos tiempos atribulados, aún más. La crisis feroz que padecemos parece multiplicar todo tipo de conflictos con su carga de tensión y dolor. Sufrimos conflictos sociales, laborales, profesionales, políticos, empresariales, societarios y de cualquier naturaleza imaginable. Agotamos gran parte de nuestra energía en intentar superarlos y los maldecimos en silencio. Sin embargo, y como veremos a continuación, en muchas ocasiones, un conflicto bien planteado y resuelto puede liberar una gran energía que nos sirva como palanca para ascender, innovar y mejorar, o como catalizador de soluciones o enfoques que en otras circunstancias jamás hubiéramos sido capaces de imaginar o de poner en marcha.

En nuestra cultura el conflicto aparece rodeado de una fuerte carga negativa, como algo parecido a un castigo que hay que evitar a toda costa. En verdad, no es así. Es cierto que el conflicto genera tensión y ansiedad, pero también lo es que suele ser antesala de cambios y de soluciones creativas. Sin conflictos ni crisis, ni la sociedad ni las empresas avanzarían.  Fue Carlos Marx el primero que concedió al conflicto una influencia determinante. Su frase “el conflicto es el motor de la historia” otorgaba al conflicto un protagonismo muy superior al que las corrientes intelectuales occidentales le concedían. El funcionalismo consideraba al conflicto como algo negativo, como un fracaso a evitar. Por eso, se estudió poco en occidente hasta que la caída del Muro de Berlín y la desactivación de la extinta URSS permitieron recuperar bajo los escombros de la ideología marxista algunos de sus principios que nos permiten comprender mejor la dinámica histórica y social.

Muchas personas se bloquean ante el conflicto, mientras que otras lo afrontan con decisión. Todos hemos tenido que enfrentarnos con conflictos de diverso tipo a lo largo de nuestra vida y sabemos por experiencia que el haberlos superado nos permitió ascender un peldaño en nuestro camino. Tras el problema y conflicto de hoy puede esconderse la felicidad y la prosperidad del mañana. Por eso, cuando elaboramos la estrategia de resolución de conflictos tenemos que pensar también en el medio plazo, lo que nos concede más visión y altura para resolver satisfactoriamente el conflicto que afrontamos. La mirada de un tercero puede ayudarnos a conseguirlo y comienza a desarrollarse en España la actividad profesional de resolución de conflictos, muy habitual en los países de economía más avanzadas, pero incipiente aún en el nuestro. Adjuntamos un cuadro en el que se confrontan las maneras de abordar el conflicto. ¿Cómo lo hace usted?

CÓMO AFRONTAR EL CONFLICTO:

MAL

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El conflicto sólo es percibido como un precipicio por el que puede despeñarse.

El conflicto sólo le genera dolor y desgarro.

Las crisis lo paralizan.

Sólo enfoca el conflicto desde el hoy.

Tiende a plantear las elecciones basándose en dilemas excluyentes: o esto o lo otro. Le consuela pensar que, al final, escogió lo menos malo.

No afronta los conflictos. Los deja pudrirse, con la esperanza de que el tiempo los solucionará.

Justifica sus fracasos responsabilizando de ellos a las dificultades insalvables que se le presentaron en el camino.

Se sorprende ante cada nuevo conflicto que lo aflige. Lo achaca a la mala suerte, a los otros, a la maldad del sistema. La culpa siempre es externa.

No se prepara ni física, ni psíquica ni intelectualmente para los previsibles conflictos que se le presentarán en su senda.

Los aborda de manera improvisada y sin conocimiento. Cree que siempre puede resolverlo por sus propios medios.

BIEN

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Un conflicto bien resuelto es el escalón más sólido para ascender.

Le motiva superar el conflicto y sabe impulsarse por la energía de su resolución.

Intenta conocer la esencia de la crisis, porque es consciente de que suele esconder antesalas de cambios y es puerta para nuevas oportunidades.

Intenta abordarlo con la mirada puesta en el mañana y lo enmarca en el argumento global de su camino. El problema de hoy puede encerrar la llave de la prosperidad del mañana.

Elude decidir bajo la presión de los dilemas impuestos. No acepta escoger entre lo malo y lo peor, e intenta explorar otras vías superadoras del juego de los dilemas.

Afronta los conflictos y se esfuerza en la solución más adecuada.

Comprende que su éxito radica precisamente en superar esas dificultades inherentes a su camino. Sabe que avanzar conlleva solucionar los problemas y conflictos cotidianos.

Sabe que el conflicto es consustancial a la existencia, por lo que no pierde el tiempo en lamentos y lo dedica a trabajar para superarlos.

Es consciente de la importancia de la formación y preparación permanentes y se aplica a ello.

Lo gestiona con la ayuda de quienes le pueden aportar experiencia y sabiduría. Recurre a profesionales, en su caso.